lunes, 23 de abril de 2012

Briznas de hierba

    Llevo un tiempo sin colgar una nueva entrada, y no es que haya dejado de salir con la cámara y el trípode, pero he ejercido de ayudante, lo que en ocasiones es muy interesante, ya que te permite distanciarte un poco del acto de fotografiar y aprender de los demás los pasos de este curioso baile entre el fotógrafo y su sujeto, y así a perfeccionar tu arte a través de los demás.
    En una salida reciente he decidido recuperar un poco de protagonismo y he decidido bailar yo. Adelante, atrás, derecha, izquierda, un poco arriba y... ya tenemos el encuadre. Catamos el viento como un buen marino, ajustamos la cámara y empezamos a disparar.
    Todo parece salir bien hasta que, una vez en casa, podemos apreciar esa brizna de hierba que, juro por lo más sagrado, no estaba en el momento de realizar la toma y, como todo el mundo podrá suponer, tampoco aparecía en la revisión en pantalla. Pero el caso es que ahí está, rompiendo por la derecha mi inmaculada composición, llena de luz, diagonal hiriente y poderosa en el encuadre, inapelable.
    Bueno, esto pasa a veces, lo hacemos lo mejor posible y en ocasiones la cosa no sale como quisieramos. Aunque parezca paradójico es bueno, de los errores se aprende, de los aciertos raramente.
     Como para aprender hay que meditar sobre lo sucedido, comienzo a dar vueltas a esa brizna de hierba en mi cabeza, y me doy cuenta que hasta el más insignificante de los seres vivos es importante en este mundo, y que hasta el más nimio de estos seres es trascendente e importante. Quizá alguien aprenda a valorar mejor nuestro mundo a través de esta imperfecta fotografía, al menos eso espero...